CONFERENCIAS EN CONGRESOS INTERNACIONALES
ESTUDIOS DE GÉNERO
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN, UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA. GRUPO CONTRANATURA: JUNIO 2005 - TÍTULO DE LA CONFERENCIA: EL MANDALA ZODIACAL COMO ÍNDICE DE ENFOQUE PATRIARCAL.
INTRODUCCIÓN
En esta aproximación trataremos sobre las nociones de género y poder identificadas en el mandala zodiacal. Para ello nos referiremos a los dioses regentes de los signos zodiacales quienes eran adaptaciones de antiguas deidades provenientes de Sumeria, Babilonia, Siria, Asiria y Egipto. Cerca de 3.000 a.C. el culto a la Luna fue reemplazado por el del Sol en el Oriente Medio y la Europa del sudeste.
Como testimonio de los mensajes de sometimiento dirigido explícitamente a la mujer encontramos en el Antiguo Testamento en Isaías (701-691 a.C.) un canto terrible que se inicia diciendo: "Muy orgullosas andan las damas de Sión,
con el cuello estirado y la mirada provocativa, y caminan a pasitos cortos ,
haciendo sonar las pulseras de sus pies. Por eso el señor llenará de sarna la cabeza
de las damas de Sión, Y quedarán peladas. Aquel día, el Señor arrancará los adornos,
(...) en lugar de perfumes habrá podredumbre, en lugar de cinturón, una cuerda,
En lugar de cabello trenzado, cabeza rapada, en lugar de vestidos lujosos, un saco,
En lugar de belleza, una marca hecha con un hierro al rojo.(Isaías, 3,16, Pag. 489)
Este momento queda retratado en el zodíaco tal y como nosotros lo conocemos, representando un paso posterior al ciclo de la humanidad en el que existía respeto hacia lo femenino y coexistían los dos sexos en situación de igualdad. Para poder comparar la diferencia entre mensajes de épocas anteriores leamos un extracto del Himno a Ishtar consideraba como el planeta Venus, también conocida como la Diosa Babilonia del amor y la belleza, señora de la guerra. Ishtar es hija de Sin, Dios sumerio de la Luna. Según una tablilla de c. 1750 a.c. de la biblioteca de Asurbanipal: (...) Irania la excelsa, la más alta de los dioses. (...)No hay nombre como el tuyo: a todos superas (...)Luz eres de cielos y tierra; hija eres de Sin: (...)Tú las armas llevas; tú la batalla decides. (...)Tienes todo el poder, la corona de la fuerza.(...)Alta y sublime eres, cual antorcha del mundo, como luz de los pueblos para siempre(...).¡La irresistible en los combates; la indomable en la guerra!. Desde la perspectiva sumerio-babilónica, al ser Ishtar tanto la diosa del amor como de la guerra, encarna una dualidad representada a través de la doble función del astro Venus, quien al ser visible en la mañana toma energías de luz y nos habla de sus contenidos amorosos y al ser visible en la tarde encarna energías vespertinas y adquiere un significado asociado a la guerra. Estos contenidos simbólicos nos hablan de funciones que posteriormente fueron separadas pero que coexisten de manera natural y nos remiten a principios relacionados con el amor y la guerra que están más allá del sexo al cual se pertenezca. El zodíaco actual considera el Sol y la Luna en su papel de máximos representantes de lo masculino y femenino respectivamente. A ellos debemos agregar las imágenes arquetipales de Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. A través de ellos nos aproximaremos a las nociones de género y poder imperantes no solo en Grecia y Roma antigua, sino en las zonas identificadas como el Creciente Fértil al que hemos hecho alusión anteriormente. A partir de la exclusión o inclusión en el zodíaco de las múltiples divinidades que integraban el Olimpo revisaremos presupuestos y prejuicios que han contribuido a través del tiempo a justificar las desigualdades relacionadas con la idea preconcebida de aquello que significa ser mujer u hombre. Mediante ellas se han rigidizado en la mente del hombre occidental roles y funciones que no proceden sino de posiciones religiosas y necesidades de administrar el poder que con el paso del tiempo se han constituido en patrones que explican nuestra idea actual de lo masculino y lo femenino. Al revisar otras propuestas como las contenidas en las imágenes alquímicas y en el papel de las energías que las figuras astrológicas han desempeñado en su simbología comentaremos nociones que se ubican más allá del género ya que conciernen al desarrollo de un estado de conciencia que intenta integrar lo masculino y femenino coexistente en cada una de dichas imágenes.
Al formar parte de contenidos profundos de la psique, estas imágenes arquetipales participan de una procedencia común, por lo que los principios que simbolizan representan a su vez una porción compartida por todos los demás dioses. Esta segunda afirmación constituye una aproximación que excede los contenidos formales que sus imágenes sugieren en primera instancia y apuntan hacia la unidad y fluidez que identifica la vida del inconsciente colectivo. Esta se caracteriza por la capacidad de transmutación simbólica de sus contenidos, todos ellos atributos del alma, término que sugerimos sea interpretado a la luz de las reflexiones que siguen la línea de la psicología arquetipal propuesta por James Hillman.
Dicho esto podemos comenzar a definir algunos conceptos, tales como mandala zodiacal: al decir mandala, nos referimos a una forma redonda cuyo centro apunta hacia una unidad de conciencia plural y multiactuante, requisito indispensable para comprender la totalidad compleja e interrelacionada que representa la carta natal. En efecto, aún cuando se habla de doce signos zodiacales y diez regencias, dioses o imágenes arquetipales, todos ellos son expresiones que coexisten en cada sujeto al cual hace referencia el diseño zodiacal, vale decir, todos poseemos una carga solar, lunar, mercurial, venusina, marciana, jupiterina, saturnina. La manera única como se dispongan estas energías arquetipales es lo que otorga unicidad y particularidad a cada mandala zodiacal. Lo universal de dichas energías viene dado por los principios que posee cada figura en su simbolismo particular. El zodíaco como nosotros lo conocemos no es sino una de las tantas interpretaciones que se le ha dado a las imágenes que representan el recorrido simbólico del Sol en la bóveda celeste. Inicialmente estaba constituído por figuras animales que se correspondían con las diferentes estaciones de caza, de ahí su nombre, zoo: animal, díaco: disco, es decir, disco de animales. Esto quiere decir que en el principio el zodíaco representaba las diferentes estaciones de caza. Estas imágenes se fueron modificando y adaptando cada una a los requerimientos del grupo humano que las concebía y creaba, quienes al mismo tiempo que tenían una necesidad - bien fuera de enfrentar al enemigo, de amar, de buscar protección en sus dioses o entenderse a sí mismo a través de sus gobernantes - encontraban una manera de darle forma a sus inquietudes a través de la deificación de su entorno y de las fuerzas que lo acosaban. De allí a intentar manipular el destino no había más que un paso, ya que aún cuando inicialmente solo los reyes y máximos jerarcas eran susceptibles de ser interpretados astrológicamente, tal práctica se fue extendiendo hasta el más común de los mortales como forma de entender, predecir e intentar manipular los avatares de la vida. En el proceso, muy lentamente fueron incluyéndose nuevas figuras y excluyéndose otras, adaptando los contenidos simbólicos a los estados de conciencia imperantes de uno u otro momento. Acudían a la simbología contenida en las imágenes de los dioses como manera de dar forma a sus necesidades de comprender e intentar manipular aquello que los rodeaba, lo cual a su vez daba lugar a nuevas necesidades estructurales. Estas necesidades atañían -entre otras cosas- al ejercicio del poder y su administración, para lo cual era necesario normar el modelo o pauta social que definirían las relaciones entre géneros. Así se impondrían los designios la clase dominante a través de la inclusión o exclusión de determinadas deidades o figuras icónicas, acordes o no con las necesidades imperantes en el momento y con los roles que a nivel ideal deberían desempeñar cada uno de los integrantes de la sociedad de la época. Así serían descritos los roles de la máxima autoridad representada mediante el signo de Leo y su regente el Sol. Las relaciones de afecto vendrían simbolizadas por el signo del cangrejo, siendo su regente la Luna. Las funciones de enlace y comunicación entre las distintas deidades las realizaría el dios Mercurio a través del signo Géminis, signo doble cuyos dos integrantes, los gemelos Castor y Pólux representarían la continuidad de la vida a través de la solidaridad: el afecto entre ambos era tan grande que no podían tolerar verse separados por la muerte de Cástor, ya que Pólux disfrutaba de la inmortalidad por ser hijo de un dios. Ambos morían todos los días para volver a nacer al día siguiente, representando con ello la recuperación de la vida a través de la muerte. Otro integrante permanente de la corte del Sol lo constituiría la presencia de la diosa Venus/Afrodita, regente del signo del Toro, símbolo de la familia y del amor por la belleza y la armonía. Un poco más al margen de estas figuras claves estaría Marte, dios de la guerra, honrado y venerado por los romanos, pueblo invasor y guerrero. A diferencia del papel desempeñado por el Ares griego, quien carecía de templo y veneración por ser capaz de dar la muerte sin honor y con violencia, destruyendo por el solo placer de hacer correr la sangre; Marte era visto con desdén por el pueblo griego debido a sus características de impulsividad e irracionalidad, tal y como consta en frecuentes narraciones relacionadas con sus encuentros con su hermana Palas Atenea, en los cuales sale no solo vencido sino también humillado por la gran estratega. Más allá de Marte, con su carga simbólica de contenidos bélicos necesarios para la defensa del Estado, se encuentra el signo de Sagitario, cuyo emblema del centauro refleja la doble naturaleza humana, sabia y caritativa de la cintura hacia arriba y animal e impulsiva de las caderas hacia abajo. El centauro está regido por las energías de Zeus-Júpiter, el dios del Olimpo constituído en máximo benefactor que protege la humanidad y la atemoriza al mismo tiempo a través de los fenómenos atmosféricos y su arma preferida, el rayo y los truenos. Cerrando la bóveda que circunda a los hombres se encuentra Capricornio, cuyo regente es Cronos-Saturno, el dios del tiempo. De esta manera se cierra simbólicamente el espacio bidimensional que contiene la conciencia del ser humano, a través de un espacio definido representado por Zeus-Júpiter, dios del espacio y por Cronos-Saturno, dios del tiempo. Los planetas Urano, Neptuno y Plutón no eran considerados en la astrología tradicional, ya que solo se tomaban en cuenta aquellos que eran identificables a simple vista.
EN LOS INICIOS DE GAIA
Según la Teogonía de Hesíodo ( c.V a.C), en el principio reinaba el Caos, espacio oscuro y sin fin que lo plenaba todo. De él emergería Gaia, delimitando espacios y haciendo de matriz generadora de la que surgirían todos los seres. Gaia era la Tierra sobre la que se caminaba, pero también sería una diosa que generaría a Eros, ser indiferenciado sexualmente, previo a la división de los géneros. De Gaia sería engendrado Urano, hijo y posterior consorte de cuya unión surgirían seres espantosos, informes, que producirían a su padre un profundo descontento ante el horror de lo creado, de lo nacido de sí. Hasta este momento estamos contemplando cómo la conciencia del hombre representa estadios que parten de lo indiferenciado y va evolucionando, complejizándose, admitiendo jerarquías que luego derivarán en dicotomías. Esta evolución de la conciencia no es universal, es una de las tantas opciones por las cuales el pensamiento derivó.
El proceso de crear un panteón religioso, de definir las funciones de los dioses es tan lento como antigua es la necesidad de dar nombre a las fuerzas que no conocemos y que creemos manejar una vez que le hemos nombrado, que la hemos bautizado. Por ello el proceso de dar nombre es tan complejo y en algunas culturas debe permanecer secreto. Por ello era necesario concebir una fuerza generatriz, oscura como aquello que contiene el misterio y brillante como aquello que nos dignifica. Esta fuerza explicaría al mismo tiempo lo cambiante, con lo que nació Luna, siendo un vocablo femenino en muchos idiomas pero de género neutro en inglés y masculino en alemán: se refiere a un principio generatriz, no necesariamente masculino o femenino. Por ello Luna a nivel simbólico es intuición y pasado, emoción e instinto. Para definir lo preciso, aquello que vemos durante el lapso que llamamos día, esa claridad que nos acompaña durante nuestro tiempo de actividad y que da calor a nuestro cuerpo, eso que nos permite identificar a nuestros enemigos y enfrentar nuestras sombras, necesitábamos la imagen y figura del Sol. El simboliza lo masculino, el poder, la referencia precisa, el pensamiento racional. Siguiendo esta línea de sensibilidades algunas culturas más llamadas hacia lo intangible se relacionaron con la Luna como referencia vital, y otros de inclinación más extrovertida se inclinan hacia el Sol como máxima instancia. Algunos utilizan ambos principios como forma de demarcar el tiempo, creando calendarios lunares y solares, admitiendo ambos contenidos sin que se imponga uno al otro.
UNIVERSO OLÍMPICO
Para el momento en el que se estructura el Universo Olímpico griego nos encontramos con las imágenes arquetipales de Zeus, Hera, Vesta, Ceres, Apolo, Diana, Minerva, Mercurio, Venus, Vulcano, Neptuno y Ares, existiendo además otras divinidades como Temis, Iris, Hebe, Baco y Hércules. El Sol, la Luna, la Aurora, constituirían las divinidades siderales, existiendo las de los vientos, de las aguas saladas o dulces, divinidades alegóricas como Justicia, la Fortuna, Victoria, Paz, Amistad, Sabiduría, Verdad, Prudencia; además de dioses agrestes, infernales como Plutón y Hécate. Debemos agregar a ellos los semidioses y los héroes. Hemos hecho esta larga enumeración para dar una idea de la cantidad de imágenes divinas que existían, siendo difícil encontrar un predominio masculino entre los integrantes del Olimpo.
Ello hace que resulte llamativa la selección final de los dioses que presidirán las figuras zodiacales, ya que resultarán disminuidas en número las figuras femeninas y magnificadas las masculinas, disminuyendo con ello la importancia de lo femenino. Ello contrasta con la existencia de restos físicos en los que figurillas de arcilla con formas femeninas era tan abundante que hasta hace poco tiempo en los mercados de Israel era posible obtener una de ellas a muy bajo precio. Los hallazgos del culto a la Gran Diosa nos hablan de la preexistencia de divinidades femeninas en la zona de Creta, Anatolia, Israel y la India pre-aria, considerados lugares claves para el desarrollo de las sofisticadas civilizaciones agrarias que allí se asentaron. Aún falta mucho por ser descifrado de este mundo previo al desarrollo de la Grecia pre-clásica, pero el tiempo conllevará al desciframiento de datos contenidos en objetos que constituyen documentos silenciosos de épocas en las cuales ambos géneros convivían en condiciones de igualdad. Y es que lo femenino y lo masculino son atributos que subyacen en el fondo de todos los seres humanos, independientemente del género.
Es por ello que reconociendo la cualidad ambivalente del ser humano primordial surgió entre los practicantes de la doctrina órfica una imagen que nos habla del huevo plateado del cual nació Fanes/Dioniso, el generador del mundo.
La serpiente en espiral representa el Tiempo como límite de lo creado. Del huevo plateado salió una figura ambigua, según reza el poema cosmogónico órfico que nos dice que del antiguo huevo surgió el Amor, teniendo dos sexos. Esta doctrina y sus profundas metáforas acerca de la conciencia humana fueron barridas por las concepciones posteriores ya que al ser la mujer la depositaria y representante tradicional de aquello que hemos convenido en llamar Femenino, atributos y virtudes se oscurecen al hablar de ella, satanizándola y haciendo de su designación un ser plano, opaco, cuyos vicios y mezquindades superan cualquier rasgo positivo que le dé dignidad y la conviertan en una referencia valiosa y emulable.
La recuperación de lo femenino es siempre una labor cuesta arriba debido a que las raíces de nuestra cultura son profundamente misóginas, de ahí que los mitos que nos vienen a través de la visión grecorromana referidos a los inicios de la humanidad nos hablen de un ser que surge como castigo a la desobediencia humana, tal y como vemos reflejada en el caso de Pandora, primera mujer mitológica. Mas tarde el menosprecio a la mujer continúa afianzándose a través de planteamientos filosóficos que conjugan enfoques religiosos, como es el caso de los Pitagóricos quienes reelaboran la noción de los géneros y reafirman la existencia de la mujer como un mal para el hombre. La tristeza de nacer de mujer impregna la mentalidad griega a tal punto que llegan a concebir ficciones en las cuales ella desaparece como ente procreador y es sustituida en su función por la poco acertada idea de concebir un hombre capaz de autogenerarse.
LA CONCIENCIA SE REORDENA ALREDEDOR DE ZEUS
Los mitos reflejan entre muchas cosas, variadas circunstancias psico-históricas y son el marco referencial que nos permite reflexionar acerca de la manera como se han representado las figuras divinas en el zodíaco. La importancia de tal revisión se fundamenta en el hecho de que las figuras gobernantes de los doce signos zodiacales se equivalen con diosas y dioses del panteón grecorromano cuyas características y definiciones caracteriológicas se corresponden con vivencias arquetipales comunes a la humanidad. Es así como en un proceso de depuración creciente vemos cómo en Grecia los dioses y diosas que inicialmente coexistían en el Olimpo y provenían de la misma estirpe fueron reordenándose mediante jerarquías que se correspondían con las necesidades de poder reinantes en el mundo antiguo. Atrás queda la preexistencia de una fuerza neutra que lo impregnaba todo como era el Caos y de la fuerza femenina que fue Gaia, generadora de los Titanes, Cíclopes y Hecatónquiros junto con su hijo y consorte Urano. Al ir reordenando las fuerzas que eran inicialmente caóticas, se va estructurando una jerarquía de poder precedida por Zeus. Recordemos que Zeus pertenece a la 2da. generación de dioses cuyos progenitores eran Cronos y Rea, siendo él el menor. Zeus va afianzando su poder cada vez que se relaciona con una diosa, ya que va tomando de su nueva pareja atributos que ella posee y a los cuales él solo puede accesar uniéndosele mediante el coito. Es el caso de su relación con Hera, su hermana de quien se enamora profundamente. Hera se opone una y otra vez hasta que luego de múltiples intentos, Zeus logra violentarla físicamente: ha cambiado su forma en una indefensa ave casi muerta de fría a la que su hermana acoge en su seno a fin de transmitirle calor y abrigo. Cuando Hera se da cuenta de lo que ha ocurrido ya es muy tarde, se ha dado la unión sexual que compromete su pureza. Le pide a Zeus que repare su honor y se desposan en medio de una ceremonia a la que acuden todos los dioses y cuyo luna de miel dura 300 años. La relación de Hera con Zeus poco a poco va delimitándose y ella va perdiendo su poder igualitario, debiendo someterse al dios que cada vez más la maltrata y denigra, al punto de llegar a prescindir de ella como fuerza generatriz. Es así como de la cabeza de Zeus, por partenogénesis, nace Atenea, completamente vestida con su armadura y profiriendo un gran grito. A diferencia de Zeus, cuando Hera pretende hacer lo mismo, esto es, generar ella sola un hijo, lo que engendra es a Tifón, la peligrosa serpiente que vomitaba fuego y cuya presencia era tan amenazante que ni siquiera los dioses del Olimpo pudieron aceptarlo: debió ser desterrado a Delfos, donde acompañaría a la serpiente Pitón, custodia del Oráculo.
La interpretación del producto de ambos nacimientos es aleccionadora: Zeus, el hombre, puede autogenerarse y de él saldrán importantísimas creaciones, tal y como lo demuestra Atenea, quien es una diosa civilizatoria, la gran estratega que es capaz de enfrentar al mismo hijo de Hera, Ares, el dios de la guerra.
A fin de acercarnos al tipo de relación que existía entre ellos leamos a Homero en el Canto V de la Ilíada, cuando Ares ha sido herido por Diomedes, protegido de Palas Atenea, quien guía la lanza con la cual hiere a Ares. Tanto los aqueos como los troyanos tiemblan de terror ante la furia de Ares, quien se retira al Olimpo y se sienta al lado de Zeus y recrimina al padre su preferencia por Atenea diciéndole: (...) todos nos oponemos a ti por dar a luz a esa insensata muchacha maldita, a la que sólo importan siempre las obras inicuas. En tanto que todos los demás dioses que hay en el Olimpo te acatan y estamos sumisos ante ti sin excepción, a ésta no la zahieres ni de palabra ni de obra, y la tienes consentida porque tú solo alumbraste a esa hija (...). La respuesta de Zeus no se hace esperar: no me vengas, veleidoso, a gimotear sentándote a mi lado. Eres para mí el más odioso de los dioses dueños del Olimpo pues siempre te gustan la disputa, los combates y las luchas.Tienes el furor incontenible e irreprimible de tu madre, De Hera, a la que yo sólo a duras penas doblego con palabras. (...)(Ilíada, Canto V, Pag. ). Las historias de las metamorfosis de Zeus pueden ser interpretadas como una manera de ampliar su soberanía al apropiarse mediante el coito de los atributos poseídos por cada una de las diosas con las cuales se acopla. Cuando se le resisten Zeus cambia su forma a fin de unírseles y enseñorearse a través de su posesión física, coital. De esta manera poco a poco se va constituyendo en el supremo dios del Olimpo y su consorte, Hera quien inicialmente poseía la misma jerarquía, va teniendo cada vez más un rol de sumisión, lo cual la humilla y llena de resentimiento. Así poco a poco sus atributos van cambiando y se va convirtiendo en una esposa celosa y malhumorada que se pelea con las amantes del marido más no con él a fin de conservar su status matrimonial y continuar simbolizando la necesidad del formalismo a pesar de las circunstancias y el sufrimiento. La disminución de Hera continúa dándose en la misma medida en que Zeus se crece y llegado el momento de estructurar el zodíaco, la función de esposa que representa Hera es eliminada del mandala zodiacal, limitándose la función de las diosas a las representadas por Luna y Venus, esto es, la función de la mujer como madre representada en Luna y la función del Amor representada por Venus. Con ello quedan excluidas todas las otras funciones representadas por diosas de tan alta jerarquía e importancia propia que no puede sino llamar la atención acerca de las razones por las cuales quienes diseñaron el zodíaco como nosotros lo conocemos realizaron tal silenciamiento.
Actualmente se están rompiendo esquemas simbólicos tradicionales que se corresponden con necesidades de inclusión en el zodíaco de figuras femeninas largamente dejadas de lado lo que nos habla de un cambio a nivel de conciencia que amerita revisión y amplificación de conceptos puesto nos habla del reconocimiento de la existencia de lo femenino dentro de todo el género humano y de cómo su exclusión ha dejado al hombre privado de su sensibilidad e intuición. En el caso de la mujer este proceso de exclusión franca o banalización de lo femenino la ha dejado sin memoria que la identifique y vincule con lo Divino con lo cual pierde su capacidad de saber quién es y de reconocer sus atributos, iguales a los masculinos los sexos. Por el sendero de la negación y descalificación ambos géneros han perdido a su pareja, lo cual solo contribuye a un acrecentado sentido de soledad y aislamiento existencial que dificulta el pleno despliegue espiritual: el estar obsesionados por la búsqueda de la completación y plenitud emocional implica un gasto de energía que no deja sino migajas emocionales y fragmentaciones del Yo, lo que obliga al ser a satisfacer de manera segmentada las necesidades de totalidad que solo pueden ser llenadas por la inclusión del otro en la intimidad del espíritu.
¿Y EL OTRO QUÉ?
Este otro no necesariamente tiene que pertenecer al género opuesto. De hecho, puede darse un gradiente de relaciones que van desde la heterosexualidad pura pasando por la bisexualidad y llegando hasta la homosexualidad como manera alternativa de vivir la sexualidad y el amor comprometido. Aún así, las teorías psicológicas actuales tienden a continuar al margen del boom de este fenómeno característico de nuestra contemporaneidad. El psicoanálisis tradicional insiste en la patología de tales expresiones sexuales y algunos jungianos como el Dr. Fernando Rísquez en Venezuela afirma en su libro Aproximación a la Feminidad lo siguiente: La homosexualidad femenina es el invento más ridículo de la civilización occidental. ¿Cómo pueden ser las mujeres homosexuales, si son hijas de mujeres y madres de mujeres? Tienen que tener una hija para ser madre de su hija, como su madre lo fue de ellas... Esa es la apocatastasis. Esa es la infinitud de la especie que está allí presente. Todas las mujeres se han enamorado de todas las mujeres, siempre, porque lasmujeres son la vida. Y continúa su afirmación: homosexualidad femenina. Están personificando el mito de la vida; son Deméter y Kore: una será siempre más infantil que la otra. Si una se la da de varón, déjala. Está enferma. Está dejando que Hécate la guíe. Las mujeres son muy misteriosas. Es preferible no meterse en lo que no se sabe. (Rísquez, Ibid, Pag. 60).
Los procesos de desarrollo psíquico insinuados por el Dr. Rísquez en el texto anterior se dan a través de su relación y posterior identificación con el padre y la madre e intenta darle una solución a sus principales conflictos parentales, representado por las energías de la pareja alquímica, el Rey y la Reina: Sol y Luna. Mencionaremos un caso clínico de un joven quien a los 18 años aún conservaba la cédula que lo identificaba como de sexo femenino. Su nombre era María José. Desde el punto de vista biológico y endocrino se trataba de un caso intersexual, ya que sus genitales externos no se habían desarrollado por lo que poseía un micropene y una pseudovagina. Debido a esta indefinición anatómica, había sido criado como varón y hembra alternativamente hasta que tuvo los 6 años, época en la que decidió que él era varón. Fue luego de unos carnavales, cuando lo disfrazaron de payasita que decidió por voluntad y sensibilidad propia que él era un macho. Sin entrar en los detalles del tratamiento psicológico que llevamos adelante por no tener espacio suficiente para entrar en ellos, debemos acotar lo fácil que hubiera sido para este joven ser bisexual u homosexual. Solo que su conciencia se orientaba hacia la masculinidad y sin ningún tipo de conflicto emocional más allá del hecho físico que implicaba su constitución física, se enamoraba como cualquier joven de su edad y deseaba tener una familia formal. Esta corta alusión al caso del que fue luego José María a nivel legal, nos confronta con alternativas de vida que no están marcadas por lo biológico ni social sino que tienen que ver con la imagen que cada quien tiene de sí mismo a nivel emocional, por lo tanto es un caso ejemplar para hablar del concepto implícito en la frase Mas allá del Género.
En el caso de las conductas sexuales alternativas debemos revisar las teorías psicológicas que explican o intentan comprender este fenómeno, ya que su negación no solo entorpece y limita las posibilidades de adaptación de quienes desean vivir según sus propias pautas, sino que su rigidez conceptual tiraniza y sataniza aquello que le es distinto o ajeno, constituyéndose en agentes de poder totalizador que contribuyen a la marginalidad psíquica y social de aquellos que no solo no pueden, sino que no desean renunciar a su estilo de vida. Cuando hablamos de sexualidad alternativa hablamos de la posibilidad de responder emocionalmente con patrones distintos a los socialmente aceptados, pudiendo asumir el papel receptivo-pasivo siendo hombre y demandador-activo siendo mujer.
EXPANDIENDO LO FEMENINO
Qué otras imágenes de lo femenino faltan por emerger, no lo sabemos: la mujer y los atributos que ella simboliza al ser vistos a través de la historia son una especie de imagen caleidoscópica que busca su reunificación; está integrada por aristas y formas algunas veces demasiado definidas y otras demasiado pobres. Psíquicamente están representados por modelos mentales que se manifiestan a través de imágenes o arquetipos. Estas imágenes se corresponden psíquicamente con las ideas primordiales propuestas por Platón y posteriormente asimiladas al concepto del arquetipo del anima propuesto por Carl G. Jung.
El desprecio por la mujer y lo femenino ha generado monstruos, entre ellos la elevación de la razón por encima de la intuición. Lo femenino, entendido como fuerza regeneradora es imposible de separar de lo masculino o fuerza que conquista espacios externos. Uno de los pensadores más extremos de nuestra época y defensor de la tesis del matriarcado es Robert Graves, quien sostiene que los mitos griegos son en su mayoría historias que relatan enfrentamientos religiosos y políticos, afirmando que la Antigua Europa carecía de dioses masculinos. La Gran Diosa era considerada inmortal, omnipotente y no sujeta a cambio alguno. El autor de La Diosa Blanca, plantea lo siguiente: El lenguaje del mito poético, corriente en la Antigüedad en la Europa mediterránea y septentrional, era un lenguaje mágico vinculado a ceremonias religiosas populares en honor de la diosa Luna o Musa, algunas de las cuales datan de la época paleolítica, y que este sigue siendo el lenguaje de la verdadera poesía. (...) Ese lenguaje fue corrompido al final del período minoico cuando invasores procedentes del Asia Central comenzaron a sustituir las instituciones matrilineales por las patrilineales y remodelaron o falsificaron los mitos para justificar los cambios sociales. Luego vinieron los primeros filósofos griegos, que se oponían firmemente a la poesía mágica porque amenazaba a su nueva religión de la lógica, y bajo su influencia se elaboró un lenguaje poético racional (ahora llamado clásico) en honor de su patrono Apolo, y lo impusieron al mundo como la última palabra respecto a la iluminación espiritual: opinión que ha predominado prácticamente desde entonces en las escuelas y universidades europeas, donde ahora se estudian los mitos solamente como reliquias arcaicas de la era infantil de la humanidad. (Graves, Ibid, Pag.11)
Sin embargo, se impone escuchar muchas voces, por lo que anexamos una lectura con una de las soluciones encaradas por las feministas y que plantean diversas maneras de elaborar una Teoría Feminista. En este sentido Rosa Mª Rodríguez Magda, escritora y filósofa española dice lo siguiente en su libro La Sonrisa de Saturno: Y finalmente un amplio terreno de creación. Pues, con respecto a nuestra ausencia de la cultura patriarcal, mucho es lo rescatable; pero no debemos engañarnos, el mejor ejercicio de sofocación de un colectivo es la negación de su cultura propia y la incorporación y adaptación a la dominante. La gran parte de lo que podría haber sido nuestra historia, nuestro punto de vista, ha sido primero abortado y después anulado en su transmisión. No se pueden inventar las raíces; o se tienen, y entonces hay que luchar por su libre expresión, porque a una <>, o no se encuentran, aún en su perentoriedad y urgencia, simplemente porque no existen, y entonces es vano y ficticio forzarlas. Hay algo mentiroso y estéril en agotarse buscando quiénes somos en realidad, porque tal vez seamos apenas nada más que un punto, un cuerpo, un lugar, una perspectiva, y en eso estriba nuestra ventaja. Si efectivamente constituimos algo más que eso, nuestra creación acabará por mostrarlo, en caso contrario nada hay de malo en inventarlo a partir de aquí.
Crear, crear... lugares habitables para el deseo, para la pupila, para la palabra. Crear en la desmesura, en el exceso, sin intentar constreñirse a la justeza exacta de la identidad perdida. Iniciar trazos, dejar pistas falsas, estelas colgadas de espirales que se convierten en círculos o geometrías imposibles. No hay un lugar correcto para un imaginario que nunca ha existido, ni espacio para la duda moral y paralizadora por si nuestra voz engrosa las arcas del contrario. Crear un mundo femenino es crear un mundo donde las mujeres creen. Cualquier autocensura nos perpetúa en el silencio, la inseguridad y la culpabilización que durante tanto tiempo ha sido nuestra morada. (Ibid, Pag. 72)
ESPACIOS DE CONCIENCIA ALQUÍMICOS
Hillman incluye en su libro El Mito del análisis el caso del neurólogo Paul Julius Moebius, como un ejemplo de la manera como la fantasía contamina el hecho científico. En efecto, Moebius, nacido en Leipzig en 1853 realizó una trascendental contribución a la medicina de su época a través de sus hallazgos de anatomía cerebral comparada. Escribió lo que fue un gran éxito editorial denominado Sobre la debilidad mental fisiológica de la mujer, basando sus estudios en la supuesta inferioridad congénita cerebral de la mujer comparada con el cerebro masculino. Como misoginia literaria Hillman menciona la obra de Stringberg, siendo también Otto Weininger, autor de Sexo y carácter, otro autor que identificaba los fenómenos de la histeria con la degeneración racial y la feminidad. Hillman considera que nuestra sociedad contemporánea solo ha pretendido aliviar la forma que envuelve lo femenino y nos advierte acerca de la persistente idea negativa asociada a su presencia, por lo que tendríamos que ir más allá de la superficie social y no regocijarnos ante los escasos logros obtenidos. Teniendo en cuenta sus admoniciones, nos vamos más allá de lo cultural, del poder y lo biológico, sentimos que existe algo que es femenino y algo que es masculino: intuimos sus raíces en la conciencia, presentimos que reside y al mismo tiempo está más allá del género.
De ahí que debamos volcarnos hacia espacios interiores que nos hablen de indagaciones cuyos contenidos aún nos hablen de la esencia humana y contengan el meollo de significativos mensajes; que sean capaces de sostenerse en los precarios límites de la contemporanidad. Parte de ello lo conseguimos en las imágenes contenidas en los textos alquímicos, donde el ser pareciera ser capaces de rozar una esencia atemporal y condensar múltiples significados; a pesar de las dificultades para comprender este lenguaje a nivel racional por lo críptico de sus imágenes, hemos optado por dejarnos seducir por lo que de sugerente tienen. Sus principios suponen que el ser humano es esencialmente de naturaleza bisexual, apelando así a un concepto que el nivel racional no logra aprehender en su totalidad. Para ello se valieron de imágenes astrológicas, ya que los astros se asocian a metales indispensables para la realización de la gran obra, o transformación de la naturaleza inferior en superior. Cada uno de los planetas representa un estadio de conciencia o evolución que va avanzando en la medida en que se mezcla con los otros elementos y cualidades íntimas aportadas por las otras energías planetarias, comenzando desde las energías del signo de Aries que representa la Materia Prima y culminando con las figuras del Rey y de la Reina, el Sol y la Luna. La unión de ambos nos hablaría de la unión sagrada o misterium conjunction representada en el andrógino perfecto. Además de la inspiración que provoca en quien busca en este arte la elevación del espíritu, sus contenidos nos permiten intuir, acercarnos de otra manera, a los conceptos que tratamos equivocadamente de buscar en exhaustivas elucubraciones que pueden ser inmediatamente vivenciadas cuando contemplamos con el estado de ánimo adecuado una de estas imágenes alquímicas. Leyendo un texto de Senior, famoso alquimista nos encontramos con estas palabras que el Sol dirige a la Luna: cuando nos hayamos unido, permaneciendo en el vientre de esta casa cerrada, entonces halagándote recibiré tu alma, y tú te harás con mi belleza y por mediación de tu cercanía adelgazaré y ambos seremos exaltados en una exaltación espiritual, o elevados en una exaltación espiritual.
Creemos que la confrontación entre los sexos ya ha dejado más muertos y heridos de lo que nuestra conciencia puede soportar. Una actitud conciliadora la conseguimos en el texto de Neumann quien dice lo siguiente: La conciencia matriarcal no se reduce pues a ser un resto arcaico que hubiera que superar, y ello por más que lo masculino se vea empujado por su peculiar desarrollo a distanciarse de lo inconsciente y de la Gran Madre. Pues precisamente la diferenciación que culmina en la conciencia patriarcal moderna ha llevado a una neurotización del hombre moderno, a su autoalineación y a una peligrosa pérdida de la vitalidad creadora de la psique. (...) tanto para lo masculino como para lo femenino la totalidad sólo resulta alcanzable si mediante una vinculación de los opuestos (...) el día y la noche, lo alto y lo bajo, la conciencia patriarcal y la matriarcal alcanzan su productividad propia y se completan y fecundan mutuamente. Resulta válida para este restablecimiento de la totalidad la frase del Midrás: <> (Neumann, Ibid, pag. 96)
MAS ALLA DEL GÉNERO
Al cercenar e impedir el libre flujo del contenido psíquico, lo que pudo haber sido una necesidad social -que algunos identifican con la producción económica y otros con lo espiritual- y conciencial justificada -se constituye por vía de su perpetuación- en signo de atraso y estancamiento evolutivo, por lo cual no podemos ver como gratuito el que en estos momentos históricos de búsqueda de eliminación de fronteras psicológicas y llamado a la universalización de esquemas, se perpetúen patrones de representación simbólica que disminuyan y excluyan lo femenino, entendiéndolo como un proceso cuyas raíces están más allá del género. Por ello es necesario revisar los mitos en los cuales nos vemos reflejados, ya que un mito erróneo colocado en el cento puede distorsionar nuestras percepciones psicológicas, de idéntica manera que un mito cosmológico inadecuado puede distorsionar las observaciones astronómicas y geográficas. (Hillman, Ibid, Pag. 33)
Autores como Hillman definen el fin de la búsqueda terapéutica el momento en el cual encontramos, valoramos y cuidamos lo femenino que existe en nosotros, sin importar a cuál sexo pertenezcamos. Para ello se vale de la imagen del mito que nos habla de Dioniso, ya que considera que hasta ahora la conciencia que ha caracterizado al desarrollo del ser humano ha sido demarcada por los conceptos de una ciencia, religión y filosofías profundamente misógina, que imagina el cuerpo de la mujer y sus componentes psíquicos desde una perspectiva masculina. Como ejemplo de su pervivencia tomemos la importancia otorgada a un concepto angular en el análisis freudiano, el relativo a la envidia del pene: Como es obvio, la niña no tiene necesidad de temer la pérdida del pene, pero debe reaccionar sin embargo ante el hecho de no haber recibido ninguno. Desde el principio, envidia al niño su posesión; se puede decir que todo su desarrollo acaece bajo el signo de la envidia del pene. La niña (...) se esfuerza por compensar ese defecto, esfuerzos que pueden conducirla a la postre a la actitud femenina normal. Pero si durante la fase fálica la niña intenta obtener placer estimulando manualmente sus genitales como hace el niño, sucede a menudo que no logra una satisfacción suficiente y extiende entonces el juicio de inferioridad de su propio pene atrofiado a toda su persona. (Freud. S., Selected Works, XXIII,Compendio del psicoanálisis, Pags. 193-194)
Cuando Hillman nos habla de la necesidad de retomar lo dionisíaco se refiere a la necesidad de recuperar la fluidez como contraposición a la rigidez de conciencia implícita en la figura de Apolo, erigida en faro y modelo a seguir desde los inicios de nuestra civilización, partiendo de los griegos y permaneciendo en la imagen del superhombre nietzcheano.
Este proceso no se daría a través de la iniciación sino aproximándonos a nuestra bisexualidad, olvidándonos de la mujer en cuanto cuerpo y entendiendo que se la ha interpretado como la proyección abismal del hombre corpóreo. Para ello deberíamos tomar contacto con nuestra concepción del cuerpo, de nuestro lado izquierdo no comprendido como siniestro, entendiendo que la creatividad procede de la pasividad y lentitud de procesos identificados como femeninos. Deberíamos hacer contacto con nuestro lado ígneo pero también con nuestra capacidad de hacer aguas, de humedecernos, humidificarnos, de reconocer la voluntad de vencer pero también la de sobrevivir. Al aceptar no solo la compulsión fálica sino también la pasividad del ser creado, podríamos disfrutar de los ires y venires de Dioniso, el cual se recrea en la libertad de sus movimientos, imposibles de manipular o controlar. En palabras de Hillman, La conciencia bisexual significa un mundo no dividido en espíritu y materia, en imaginal y real, en dogma y consciencia, en loco y sano. Y continúa: La recuperación de esta inferioridad libera a lo femenino y a su cuerpo -y a la materia misma- de su menosprecio apolíneo y de su compulsiva fascinación. (Hillman, El mito del análisis, Pag. 337)
Es por ello que de un corto tiempo hacia acá veamos con satisfacción cómo se incluye en el panteón zodiacal las figuras representadas por los cuatro asteroides mayores ubicados en el así llamado Cinturón de Asteroides, entre los planetas Marte y Júpiter. Estos cuatro asteroides representan y simbolizan fuerzas arquetipales de género femenino y son Ceres, Palas, Juno y Vesta. Cada uno de ellos nos habla de una forma de ver y de estar en el mundo que enriquece nuestros niveles de conciencia, permitiéndonos su reflexión y estudio la incorporación de complejas fuerzas emocionales y vitales que han estado largo tiempo soterradas, olvidadas, esperando el momento justo para volver a instalarse a la luz de la conciencia. Su incorporación imaginal nos dice que es tiempo de revisar qué significa ser Ceres, ser madre nutricia y al mismo tiempo ocupar un lugar en la sociedad, esto es, nos habla de la dicotomía entre el ámbito privado y público con el que ha tenido que lidiar la mujer y aceptar el hombre, devenido en rector-engendrador más no en compañero. Cuando revisamos la presencia y función de Palas podríamos considerar porqué la mujer estadista debe cubrirse de una coraza, negar su función sexual femenina so pena de fracasar en su empeño, ya que se identifica con lo masculino como forma de asegurarse su libertad y autonomía emocional. Cuando permitimos que la función Juno nos hable pretendemos sanar el derecho a vivir o no en monogamia y a disfrutar de la sexualidad matrimonial, revisando también nuestra dedicación exclusiva a un hombre que nunca delimita sus fronteras sino permanece abierto al libre intercambio con el mundo. Al acercarnos a Vesta oiremos cómo la mujer que se autorecluye en su propio santuario se limita a vivir su cuerpo tras una velo que dicotomiza la función de lo sagrado oponiéndola a lo profano, viviendo el mundo a través de lentes que la califican de santa o prostituta, cayendo con ello en el juego de expresar toda su rica gama experiencial solo a través de la función sexual genital, cercenándola o magnificándola y permitiéndole que la defina ante ella misma y ante la sociedad.
El resurgir de estas imágenes femeninas como integrantes del mandala zodiacal pareciera constituir una manifestación de la expansión de la conciencia hacia lo femenino, sanando esta importante parte de nuestra psique, permitiendo una relación más plácida entre hombres y mujeres y ubicándonos más allá del género.


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