ElizabethPazos

Tuesday, May 09, 2006

UN CASO INTERSEXUAL: PONENCIA PRESENTADA EN DIVAS DE VENEZUELA

Mi intención al aceptar esta invitación realizada por Rummie a nombre de Divas de Venezuela y luego reforzada a través de Gerardo Zavarce, a nombre de la Fundación Arte Emergente, es intercambiar información, conocernos y muy egoístamente de mi parte, acercarme a grupos que como ustedes, constituyen parte del fermento que le da vida a nuestra sociedad formal, mutilada por el silenciamiento, la manipulación y la negación de la diferencia. Dicho lo cual debo hacer mi declaración personal de principios: soy mujer y mi relación con el mundo parte de esta óptica. A través de esta especial condición psicológica, biológica y social, me expreso como heterosexual, estoy casada desde hace 20 años y mis dos hijas y mi perro Romeo forman parten de mi pequeño universo personal. Desde la altura de los 11 pisos donde vivo en la Ave. Libertador, he logrado sensibilizarme aún más a eso que se llama Diversidad Sexual y que no es sino la agrupación de muchas sensibilidades encontradas y contradictorias, que solo tienen en común la exclusión, el desenfado ante la diferencia y la pasión por la transgresión. Esta última, la transgresión, la he vivido desde siempre, ya que de una u otra forma mi vida refleja no la transgresión pensada, sino la vivida. Vengo del llano pero crecí en un campamento petrolero, rodeada de alambres de púas como demarcación de fronteras. Mi padre era venezolano de pasaporte pero inglés de formación y sensibilidad, mientras que mi madre era la prolongación de una familia de origen español que había participado tanto en la evolución musical de este país como en el desarrollo de la poética y de esa otra forma expresiva que es la política bien entendida. Mis dos entronques familiares hablan de la lucha por los derechos humanos, principios a los que me adhiero. Por ello me resulta difícil trabajar en grupo, como a todo el mundo, por lo que creo que la única forma de unirse es tolerando las diferencias. De esa manera podemos sobrellevar nuestras cargas. La que compete a mí en este momento me hace decirles como última tarjeta de presentación que soy psicóloga de la Universidad Católica más no practicante de esa religión, aunque sí creyente en todas, especialmente del grupo que representa mi maestro espiritual llamado Paramahansa Yogananda. Es una encarnación del Amor. Tengo una maestría en Clínica y Sexología, estudios que realicé con el Dr. Fdo. Bianco. Mi experiencia clínica proviene del ejercicio profesional tanto en hospitales como el Militar y el Luis Ortega de Porlamar, donde me desempeñé en las áreas de psiquiatría trabajando en una comunidad cerrada para rehabilitación de drogadictos y el servicio de Psicología Clínica, respectivamente.
En los años '80, fundé un movimiento llamado Pro-Mujer en Margarita, no anti-hombre, solo Pro-Mujer, a favor de lo femenino, aplicado tanto al hombre como a la mujer.
Repito, mi enfoque tiene que ver con la idea desarrollada por James Hillman y su Psicología Arquetipal



CAMBIO DE SEXO EN VENEZUELA

El cambio de sexo en Venezuela no existe formalmente ya que no existe legislación para ello. En nuestro país lo que existe -contrariamente a la idea que tenemos- es una gran libertad para hablar de estos temas y gracias a la existencia de la Ave. Libertador los transeúntes se han habituado al despliegue de la diferencia. Quienes no conozcan esta avenida deberían saber que desde hace más de treinta años las prostitutas, trasvestis y transexuales se han reunido en esta importante zona de la capital. A partir de las seis de la tarde despliegan sus encantos utilizando los atuendos más estrafalarios que te puedas imaginar, por lo que un paseo por esta arteria vial puede ser asimilado a una película de Fellini en sus mejores épocas. En este momento me viene a la memoria una de estas gardenias que cada determinado tiempo sale de atrás de uno de los pocos jabillos que se encuentran en la zona: es alta, blanquísima y gordita, parece un hada bizarra cuando provista solo de un traje negro absolutamente transparente, emerge para mostrar sus genitales descubiertos, acompañando su despliegue personal con una cara de ausencia con la cual pareciera afirmar: si te he visto no me acuerdo, en fin, si me ves eso es problema tuyo, si me tocas no me importa, si me amas allá tú.
Los que no estén de acuerdo con esto que yo estoy diciendo, intenten por favor ubicarse en otros países y recuerden cómo uno de los atractivos de Holanda es ir al Barrio Rojo y observar la exhibición del sexo comercializado y manejado a través de intermediarios. A diferencia de los holandeses, los venezolanos tenemos nuestros chulos y trabajadores sexuales que funcionan de manera independiente y toda una gama de variedades sexuales a las que nos hemos acostumbrado tanto que forman parte de nuestro imaginario colectivo. La brecha existe entre lo formal y lo cotidiano, pero la tolerancia del venezolano es tan proverbial que lo que realmente hace falta es darle una consistencia a estas búsquedas y yo propondría no darles demasiado marco conceptual a riesgo de que no pierda la esencia y su razón de ser, que en muchos casos está intrínsecamente unido a la transgresión. ¿Por qué digo esto? Bueno porque desde mi punto de vista, que puede o no ser compartido con los demás, es que el afán clasificatorio que forma parte de sociedades más complejas, inicialmente sirve para poder aproximarse a una realidad llena de aristas, compleja y en continua transformación. Si nosotros pretendemos ajustar nuestra realidad urbana, latina y como tal plena de conceptos y vivencias intercambiables a estas comunidades extraterritoriales, terminaremos por unirnos a una larga lista de afanes y clasificaciones que lejos de ayudar a quienes forman parte de estas realidades y sufren en carne propia la diferencia, o el desamparo, amenazan con exigirle a quien vive su cuerpo y su psique de una manera alternativa, una definición que muchas veces es engañosa y alienante, y no solo eso, sino que amenazan con alterar una especie de ecosistema contaminándolo con falsas concepciones provenientes de otras culturas.
TRANSVESTIS CON MARIA LIONZA
Un buen ejemplo local lo encontramos en el culto a María Lionza, deidad de origen indígena quien es reverenciada desde antes de la época de la conquista en las montañas centrooccidentales del país, específicamente en el estado Yaracuy. Actualmente sus devotos realizan rituales de posesión donde participan todos los sectores de la población, pero principalmente las clases desposeídas. En estas sesiones últimamente se ha hecho frecuente la presencia gay y travesti en el culto marialioncero, por lo que una sesión en la montaña de Quivayo puede ser vista por un observador no creyente, como el equivalente de un show travesti o de Drag Queen de Nueva Cork. Esto ocurre cuando el espíritu que baja es el de la Negra Rosa, coquetísima ánima que pide lápiz de labios y flores para el cabello cuando se le mete en el cuerpo tanto a las mujeres como a los hombres que se prestan para ser poseídos. El hombre que es poseído vive estos momentos inmerso en una danza frenética, siguiendo el toque de tambores de origen africano y acompañado de la ingesta de licor, dando fuertes chupadas al tabaco y lanzando su cuerpo masculino de un lado a otro, vestido con un traje de mujer que imita el ropaje que utilizaban las esclavas en la época de la colonia: de esta forma se integra al grupo y ocupa un lugar de relevancia, lo que cual pareciera ser un intento de legitimar su necesidad de experimentar la indumentaria del sexo contrario y con ello su necesidad de expresar a través del cuerpo otro tipo de conflictos; la supuesta presencia del espíritu que ocupa su cuerpo le permite actuar públicamente aquello que de manera cotidiana le está prohibido, por lo que la participación en este tipo de espectáculo altamente apreciado por la mayoría de los devotos le otorga un status y respetabilidad imposible de obtener por otros medios. Al ser así el culto permitiría satisfacer la necesidad legítima de pertenecer a una entidad social o grupo tras el cual guarecerse en momentos de fragilidad o debilidad.
Este largo preámbulo, como se darán cuenta, es un poco confuso y poco delineado, pues de esa misma manera concibo la psique de una persona Trans, es decir, en fuga, cuando la ves aquí es porque quiere estar allá, una vez que ha consolidado una búsqueda debe seguir moviéndose hacia otros derroteros a fin de no ser aniquilado por el jardín que él mismo construyó, convertido por efecto de la formalidad innecesaria en una selva que lejos de acoger aprisiona, que sin desearlo asfixia. Y ahora estoy hablando de una de las características esenciales y fascinantes del Transgénero, la cual considero se podría agrupar alrededor de la búsqueda incesante de una identidad, reflejada efímeramente en una cédula de identidad, en el uso de unos tacones altos o bajos, en el derecho a llevar el pelo corto o largo, en la posibilidad de participar como hombre o como mujer en una torneo de tennis o de golf, o de fútbol, el derecho a participar en un concurso de belleza, sea este concebido para los machos machotes o para los machos gays, o para los drag queens, o para los desfiles que se dan en el interior de nuestro país desde hacen años; así como los encuentros privados que se tienen en Margarita cuando se realiza una conmemoración especial de fin de año a la cual los heterosexuales no tienen cabida. Y al hablar de todo esto estoy pensando en la cantidad de personas a las cuales he estado unida a través de la terapia con quienes he aprendido su valentía para enfrentar una sociedad que les niega formalmente a expresar sus diferencias y sus derechos pero sobre todo, he aprendido a admirar la fuerza de voluntad que hace que una sola persona se atreva a decir yo nací hombre pero me siento mujer o viceversa.
UN CASO INTERSEXUAL
Y aquí es donde entra en escena JM. JM es un hombre muy atractivo que nació sin pene, mejor dicho con un micropene y una pseudovagina. Su caso es conocido como Intersexual. Si recordamos que durante la evolución del feto tanto el varón como la hembra poseen iguales características, no hay diferencias entre ellos al inicio sino a partir del momento en el cual se definen por acción hormonal, las características físicas que hacen del feto un hombre, produciendo una especie de estancamiento en la evolución lo que dará como producto final del embarazo un varón. Hasta aquí todo funciona muy bien, luego de la unión sexual la mujer aporta su carga específica de XX y el hombre su XY, pero... no en todos los casos ocurre igual, como fue el caso de José María. En su caso, por un problema genético, esto es transmitido familiarmente, no existe posibilidad de asimilar la hormona masculina, la testosterona, por lo cual su desarrollo físico se dio incompleto, haciendo que al nacer sus genitales fueran indefinidos. Como en los hospitales no existe aún un protocolo que oriente al neonatólogo o ginecólogo acerca de qué hacer cuando nace un niño con genitales indefinidos, JM fue criado alternativamente como hombre y como mujer. Su madre, enfermera, cuando lo llevaba a un pediatra oía un pero si esto es una niña, por qué lo crías como varón? Y a partir de ese momento seguía sus instrucciones, hasta que le entraba la duda y consultaba una segunda opinión y le decían lo contrario. A todas estas, JM fue presentado como hembra, tenía cédula de mujer y se llamaba MJ. Cuando llegó a consulta, impulsado por su hermana que fue quien me lo refirió, tenía 18 años y una tristeza que le desfiguraba el rostro, un bello rostro de joven, lampiño, de modales suaves y voz poco grave. JM recuerda cuándo fue la última vez que lo disfrazaron de payasita y su reacción ante esta elección que no provenía del concepto que tenía de él mismo; JM refiere que se dijo a sí mismo YO LO QUE SOY ES UN MACHO y a partir de ese momento comenzó su vida de varón. ¿Las limitaciones? JM es de oficio soldador, por lo tanto debe compartir con obreros en ambiente laboral. Como todos sabemos, la mayoría de los obreros al finalizar su jornada se dan un baño y se cambian de ropa, actividades que no podían ser compartidas por JM por cuanto no podía mostrar su ausencia de pene ni al bañarse ni al ir a orinar, por lo que su vida laboral estaba marcada por el misterio y la angustia que suscita el saberse distinto al otro. JM no tenía ninguna duda acerca de su orientación sexual: le gustaban las mujeres y solo sentía dolor de saber que no podía hacer vida sexual normal con ninguna por sus características físicas. En su caso mi papel consistió en darle el apoyo terapéutico necesario para propiciar la indagación necesaria que permitiría una comprensión científica de su situación. Para ello, conjuntamente con las sesiones regulares de terapia orientadas hacia un mayor conocimiento de sí mismo, de sus angustias y necesidades, aumentar su autovaloración y propiciar un enlace con otros especialistas por lo que organicé un grupo interdisciplinario entre los que destacaba la acción del genetista y el endocrinólogo. Para ello JM fue admitido gratis en consulta siendo referido a Caracas desde el interior del país, lugar donde residía tanto él como yo. Aquí fue atendido en el Hospital Militar por cortesía, encontrándose que su carga genética se correspondía con la fórmula XY o sea era varón genéticamente pero hormonalmente tenía una dificultad para absorver la testosterona. A JM no se le hizo una operación de cambio de sexo, sino un tratamiento hormonal para reafirmar sus caracteres secundarios, tales como la gravedad de la voz, el aumento del tono muscular que definiría más su musculatura y el fortalecimiento del cabello que acentuaría el vello en la cara y el resto del cuerpo. Además de ello se le hizo una reconducción de uretra a fin de que pudiera orinar parado y no sentado. Aún cuando su caso pudiera parecer distinto del caso del cambio de sexo, conceptualmente se enmarca dentro de la categoría de definición física o reasignación de sexo y por ende las complejidades psicológicas que implica tienen que ver con la angustia por no pertenecer biológicamente ni a uno ni a otro sexo, estando en esa especie de limbo en la que se ubican los estados intersexuales. Solo que en su caso no existía contradicción interna en cuanto a su preferencia sexual, encontrándose entre los heterosexuales puros según la escala de Kinsey, esa que marca un continuo en la cual se ubica en un extremo la homosexualidad tanto masculina como femenina y la heterosexualidad. Al centro se encontraría el bisexual, con lo que se completa la visión esquemática que permite visualizar los distintos patrones de conducta sexual humana dentro de un continuo o gradiente que puede ser fijo o móvil. El transexual se deslizaría entre estas categorías, ya que participa de varias de ellas.
Al margen de las características particulares de cada caso en el que se puede hablar de Transgénero o persona cuya sexualidad busca expresarse más allá de lo que indica su sexo biológico, debemos recordar que una cosa es el sexo biológico, el cual puede corresponderse con el binomio varón/hembra o con el hermafroditismo que es quien posee ambos sexos o los estados intersexuales, como es el caso de JM. Otra es el sexo determinado por las hormonas, según lo cual aún cuando tanto hombres como mujeres poseemos hormonas masculinas o femeninas, el pertenecer a un determinado sexo hace que exista una carga mayor hacia la testosterona o hacia los estrógenos; otro sexo determinado por la carga genética, lo que hace que una persona sea mujer es su carga identificada como XX o sea hombre, es decir de carga genética XY; Otra categoría es la asignada por la sociedad, por lo tanto cultural, según la cual alguien es percibido como hombre o como mujer independientemente del género al cual se pertenezca. Esta va muy de la mano de la identidad legal, la que se nos asigna cuando nacemos y nos ubican dentro de un género o de otro, pero la categoría que define de manera determinante la sexualidad del ser humano es la percepción que él tiene de sí mismo, la idea que tiene de su cuerpo y la complacencia o rechazo que sienta en relación a él. Dentro de estos últimos parámetros se ubicaría el transexual, quien como todos sabemos, se siente atrapado en un cuerpo que no le pertenece y esta percepción no se corresponde con la expresión de un trastorno psiquiátrico, tipo esquizofrenia. De esta manera comprendemos la importancia que puede tener para la idea que se tiene de sí mismo, el que exista una correspondencia entre estos cinco componentes, esto es, que yo disfrute de tener el cuerpo que tengo, que mi carga hormonal y genética se corresponda con esta sensación, que socialmente sea visto como hombre o como mujer, que mi cédula diga que yo pertenezco al sexo femenino o masculino. En el caso de JM yo recurrí a un chanchullo para evitarme la trampa del tiempo y dinero que implica plantear formalmente un caso desde el punto de vista legal. Apoyándome en mis vínculos emití una carta dirigida a un juez conocido, en esa época yo trabajaba también con el Min. De Justicia, y presenté el caso de JM como uno de los tantos que ocurren en este país, según el cual al momento de expedir la cédula se habían equivocado y lo habían identificado como mujer siendo hombre. Así conseguí acortar el tiempo de indagación y obtener su cédula de identidad como perteneciente al sexo masculino. Una de las principales batallas que debe ganar un transexual es esta, lograr su aceptación definitiva en la sociedad en la cual está inmerso con el sexo al cual desea asignarse. Continuando con las categorías antes mencionadas, debemos mencionan que cuando estos componentes no encajan uno con el otro, surge la incongruencia o disonancia cognoscitiva porque todos los seres humanos necesitamos un mínimo de consistencia interna, la cual se ve amenazada cuando estas exigencias de armonía interior no se dan. De allí la angustia existencia, la depresión, la frustración y la rabia expresada o no por considerar justamente que la naturaleza le ha jugado una mala pasada, que se es diferente no por escogencia sino por vocación. Por ello cuando se determina en consulta que la persona que solicita reasignación de sexo reúne los requisitos para ser admitida como candidato a la intervención, se dan una serie de pasos previos encaminados a guiar a la persona, preparando el terreno para que el cambio definitivo que está eligiendo, no sea producto de una fantasía sino una decisión en la cual se pueda hablar responsablemente de los deseos de cambiar de sexo. Para ello existe el protocolo, del cual todos han oído hablar: en un proceso que dura por lo general unos dos años, se va gradualmente preparando a la persona para el nuevo rol que desempañará en la sociedad, el cual deberá prepararlo para su reinserción no solo laboral, familiar y social sino también legal.
Se comienza con la reasignación social, pidiéndosele a la persona que si puede se mude de zona, cambie el look y empiece a vestirse del otro sexo, cambiando temporalmente de nombre. El segundo paso sería el reasignación hormonal a fin de acentuar los rasgos sexuales secundarios; se sigue con la reasignación quirúrgica y por último se termina con la legal. En Venezuela podemos llegar hasta las dos primeras, la social y hormonal. Se dice que uno de los mejores lugares para operarse es en Thailandia, estando el costo aproximado alrededor de los 13 mil dólares.
En España los endocrinólogos han propiciado las reasignaciones de sexo considerando que es un problema de salud público, por lo que el número de intervenciones quirúrgicas y protocolo completo de reasignaciones aumenta día a día. Esperemos que estas reflexiones acerca de casos verdaderos permitan sensibilizar a quienes lean estos artículos y comprendan que la persona que tiene este problema genético es tan normal como el heterosexual u homosexual, solo que su trastorno es tan particular que algunas veces provoca no solo rechazo sino también burlas y acosos, formas lastimosas de tratar la diferencia por quienes se vuelven insensibles ante lo que no conocen, pero sobre todo, no padecen.

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